sábado, 7 de enero de 2006

¿50 minutos de 60 segundos cada uno?


Según Página 12, en 50 minutos, Miceli y Lousteau se ocuparon de:

  1. Repasar "las alternativas para coordinar la política crediticia de la banca pública con los incentivos oficiales a la inversión".
  2. De hablar "de la situación económica en general y de la buena performance de la economía".
  3. Y además "Miceli se mostró interesada en la experiencia del joven economista en el Ministerio de la Producción bonaerense, desde donde impulsó programas como Fuerza Pyme, que apuntan a acercar el crédito a las firmas de menor envergadura".

¿Todo en 50 minutos?

Hay gente que se entiende con sólo mirarse.

PD: ¿No da la sensación de qué la fuente fue el propio Lousteau? ¿O un amigo cercano?

Y siguen los palos cariñosos

Luego de recomendar calurosamente el blog de Artemio me crucé con esta declaración:

“A Lavagna le faltó reacción frente a la inflación”, dijo Artemio López

Espero no encontrarme con otra que diga: "A Beliz le falto reacción frente a la justicia menemista".

Bienvenido

Artemio López tuvo la deferencia y la inteligencia de incorporarse al mundo blog. Y lo hizo a lo grande como no podía ser de otra manera.

Respuesta a la respuesta de La Ciencia Maldita

La ciencia maldita respondió mis objeciones así que aquí va una respuesta a la respuesta.

El punto esencial que hacés es:

Lo que yo quería decir es esto: ceteris paribus, ¿una compra de pesos con bonos-una colocación de LEBACs- aprecia la moneda, además de tener un efecto sobre la tasa de interés de corto plazo? Creo que sí. Mipregunta retórica ["¿cómo es que si estoy reduciendo la oferta depesos, al comprar pesos con bonos, no sube el precio del peso?"]aludía a que creo que es un error pensar que esas intervenciones no influyen en el tipo de cambio: influyen, porque el "mercado cambiario"no es otra cosa que el resultado de la oferta y la demanda de pesos. Yahora te hago otra pregunta: ceteris paribus, una compra de dólares con pesos, ¿baja la tasa de interés de corto plazo, además de tener unefecto sobre el precio del dólar? Creo que también.

Mi la respuesta es: no es tan sencillo. De lo que estás hablando es un portafolio con tres activos: bonos, dinero y dólares (y de hecho es más complicado porque hay bonos en ambas monedas y además habría que poner el mercado de bienes). Si colocás LEBACs para retirar pesos el efecto sobre el valor del dólar medido en pesos no es obvio y no podés concluir, sin explicitar supuestos, que sube el precio del peso medido en dólares (o que baja el precio del dólar medido en pesos). No hay que confundir numerario con demandas y ofertas deseadas (o nocionales como gustan decir los viejos desequilibristas).

Una compra de dólares con pesos parece tener un efecto bajista en la tasa justamente porque introduce pesos "no deseados". Las comillas son, justamente, porque si todas las transacciones son voluntarias, cuando el BCRA emite pesos para comprar dólares (aumentando el valor del dólar o evitando que caiga, da lo mismo) las tenencias de activos resultantes son "deseadas" ya que nadie forzó a nadie (excepto el BCRA que obliga a los bancos, a la Cavallo, a comprar LEBACs a tasas menores de las mercado).

Veamoslo por el absurdo. Supongamos que la gente no quiere más pesos porque la demanda de dinero se puso "vertical". ¡Entonces no vendería dólares a ningún precio! Sin embargo, el BCRA vende pesos y la gente vende dólares. Pero luego va el BCRA y compra parte de esos pesos pagando con bonos en pesos: en ambos casos son pasivos del BCRA denominados en pesos excepto que los bonos rinden y, por lo tanto, compensan por tener "pesos" (o promesa de pago de pesos) que de otra manera "sobrarían". Esta intervención no necesariamente aprecia el peso.

Un ejemplo tal vez aclare: supongamos que esta una economía bimonetaria, que los argentinos hacemos el mental accounting (en el sentido de finanzas conductistas) en dólares. Entonces, frente a la mayor probabilidad de que el peso se revalue a que se devalue (consecuencia de tipo de cambio alto), el exceso de oferta de pesos se traduce en demanda por bienes: la gente compra bienes porque van a estar más caros en dólares (rol numerario del dólar). No compra más dólares porque ya está caro y tiene más chances de bajar que de subir. Compra bienes. Esto, y no otra cosa, es lo que explica que los argentinos dejemos los depósitos en los bancos a tasas de interés reales negativas.

No. La compra de pesos con bonos no tiene porque tener el efecto de encarecer los pesos en relación a dólares.

Firmado: Brian "No Guts" Jones

viernes, 6 de enero de 2006

La biografía de Lavagna



Francisco Sánchez comentó en El Economista la biografía del ex ministro de Economía Roberto Lavagna escrita por Carlos Liascovich.

Palo a la ciencia maldita (cariñosamente)

Estimado:

Lector usual de tu blog me detuve en tu post "mercantilistas" y tengo algunos comentarios para hacerte. Seré breve.

El banco central recurre al objetivo de acumular reservas para evitar aceptar que tiene un objetivo de tipo de cambio. Todo lo que se construyó alrededor fue simplemente retórica para apoyar una conclusión predeterminada: que había que acumular reservas. No hay tal cosa como mercantilismo aunque alguna intuición hay en el rol prudencial de tener muchas reservas (especialmente en países "pecadores originales" o serial defaulters o lo que fuese de lo que somos culpables).

Tu argumento central para tener "reservas con esta acumulación de reservas" es:

Tercero: emitir bonos para comprar reservas. En la práctica, lo que hizo el BCRA de manera indirecta durante buena parte de estos últimos años: en una alquimia rarísima y superflua, compraba dólares con pesos, y después pesos con bonos. Era lo mismo comprar directamente dólares con bonos, pero con esta triangulación se alimentaba la fantasía de que al comprar dólares con pesos se sostenía el tipo de cambio, en cambio al retirar esos pesos con títulos no había un efecto bajista en el tipo de cambio, por un motivo que se me escapa (¿cómo es que si estoy reduciendo la oferta de pesos, al comprar pesos con bonos, no sube el precio del peso?). En mi opinión, habría sido exactamente lo mismo comprar bonos con dólares, pero bueh. ¿Está bien comprar dólares con bonos de corto plazo? No entiendo mucho qué sentido tiene. OK, la cobertura de la base monetaria mejora, pero también te pueden correr con los bonos. Y además hay un costo fiscal: la tasa de LEBAC es mayor que la que te dan las reservas.

Creo que estás equivocado. Efectivamente, el BCRA está comprando dólares con bonos (nótese que escribiste equivocadamente "comprar bonos con dólares") en aquella parte que la demanda de dinero no absorbe, que el tesoro no absorbe y que los bancos no devuelven. ¿Por qué "no sube el precio del peso"? En realidad, el precio del peso sube ya que sube la tasa de interés que es el costo del dinero. Es cierto que al esterilizar pesos estás disminuyendo la oferta de pesos en relación a dólares y la forma en la que ajusta es vía suba de la tasa de interés. Es que la gente acepta los bonos, o bien porque pagan más tasa, o bien porque no quiere tantos pesos. Me dirás, y si no quiere tantos pesos, ¿por qué no se pasa a dólares? Porque el dólar está caro, muy caro de hecho, o lo que es lo mismo el peso está muy barato. Si el peso está muy barato en relación al dólar quiere decir que la gente ya tiene más pesos de los que desea: por eso no sube el precio del peso medido en dólares pero si, en general, la tasa de interés que es el precio que hay que pagar para que la gente acepte bonos y, a la vez, el costo del dinero.

El argumento de la cobertura de la base monetaria no se aplica. ¡El gobierno cometió el mismo error! ya que "compró" la idea de que había que cubrir el 100% de la base cuando, en tipo de cambio flexible, no es necesario tener tantas reservas ya que parte del ajuste (o todo si la flotación es pura pero eso, ya se, no se puede) se hace por la cotización del dólar.

(De paso, el error más grosero en esto de cubrir el 100% de la base, y dejar el resto como de "libre disponibilidad", fue que abrió el camino para los embargos de los acreedores externos que, hasta ahora, se habían encontrado con una muralla legal y ahora...)

Voy al punto del costo fiscal. Emitir bonos (o pesos, da lo mismo) para comprar dólares equivale a aumentar un activo y un pasivo a la vez por lo que, instantáneamente, nada cambia en el patrimonio del BCRA. En el flujo y en el tiempo ese diferencial de tasas que mencionás tiene un impacto negativo en términos de costo fiscal si: (1) el dólar no aumenta en la medida del diferencial de tasas revalorizando el stock y/o (2) el BCRA en algún momento vende los dólares "baratos". Pero tenés que notar que no hay que descartar (1), de hecho algo ya ocurrió y, en relación a (2), una de las diferencias de los tipos de cambio flexibles es que no hay una promesa de vender dólares a algún precio predeterminado y, por lo tanto, bien puede ocurrir que si en algún momento el BCRA vende, lo haga muy caro (sobre todo si es consecuencia de un déficit, etc., etc.). Es decir que ex ante el costo fiscal de la intervención no está determinado. Y aun cuando fuera finalmente un costo habría que compararlo contra los beneficios del tipo de cambio real alto.

En realidad, la verdadera (¿y única?) crítica a todo este asunto es justamente el hecho de que el salario real es bajísimo medido en alimentos, ¡toda una novedad para un gobierno peronista!.

Saludos.

PD: Me encanta el blog y por eso está entre mis recomendados.

jueves, 5 de enero de 2006

Sabiduría

Adolescencia es cuando el cuerpo va más rápido que la cabeza.
Madurez es cuando el cuerpo y la cabeza van juntos.
Vejez es cuando el cuerpo va más despacio que la cabeza.

miércoles, 4 de enero de 2006

El diario de Yirigoyen

Ahora si Página 12 ya dejó la categoría de house organ o boletín oficial y pasó a la de "diario de Yrigoyen". Hoy, Alfredo Zaiat argumenta que "los créditos del FMI no son (ahora, cancelados, eran) baratos". Y cita a Eduardo Levy Yeyati diciendo que: "el costo de renovar (un crédito de) facilidad de reservas suplementarias (SRF, en sus siglas en inglés, línea de asistencia del FMI) por 2 años de plazo implicaría un spread (diferencia) de 400 puntos básicos, por encima del demandado por el mercado para instrumentos del mismo plazo (aproximadamente 350 según la curva de rendimientos en dólares)".

Seguramente lo que cita de Levy Yeyati es viejo (aunque a Zaiat no le importa precisar la cita) porque a Diciembre del 2005, Argentina ya no tenía una SRF tomada. Si en cambio tenía un acuerdo stand-by usual cuyo costo es apenas 108 puntos básicos por encima de tasas de mercado.

¿Y ahora Zaiat? ¿Errata u olvido?

domingo, 1 de enero de 2006

Revelaciones

En Newsweek cuentan Hal Varian (economista, profesor de Berkley y consultor de Google) y Eric Schmidt (CEO de Google y multimillonario) cuales son las 10 reglas de oro para conseguir lo mejor de los "trabajadores del conocimiento" (¿cómo se traduce knowledge workers?). Aquí van aunque la novedad del asunto es exagerada: el problema no es saber que hacer sino poder hacerlo.

  1. Hire by committee.
  2. Cater to their every need.
  3. Pack them in.
  4. Make coordination easy.
  5. Eat your own dog food.
  6. Encourage creativity.
  7. Strive to reach consensus.
  8. Don't be evil.
  9. Data drive decisions.
  10. Communicate effectively.
Una versión en español puede leerse en Infobae.

Vigencia

River vas a ser campeón
River vas a ser campeón
El día que las vacas vuelen
y que en la Argentina baje la inflación

lunes, 26 de diciembre de 2005

Progresismo del tercer mundo es PRO-gresismo de cuarta

Imagino que la tribu en extinción (nunca multitud) que lee este blog sabe de mi cansancio moral con el progresismo de Página 12. Me alegra saber que no estoy solo. Lean el inteligente y divertido post de Hernanii.net (no tengo la menor idea de quien es el autor).

La (in)moralidad de la guerra

Escribió Tim O'Brien en The Things They Carried:

“A true war story is never moral. It does not instruct, nor encourage virtue, not suggest models of proper human behavior, nor restrain men from doing the things they have always done. If a story seems moral, do not believe it. If at the end of a war story you feel uplifted, or if you feel that some small bit of rectittude has been salvaged from the larger waste, they you have been made the victim of a very old and terrible lie.”

Que, en mi pobre traducción, se leería algo así como:

"Una auténtica historia de guerra nunca es moral. No instruye, ni alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento, ni impide que los hombres hagan las cosas que siempre hicieron. Si una historia de guerra parece moral, no la creáis. Si al final de una historia de guerra te sientes ennoblecido, o si crees que alguna pequeña dosis de rectitud fue rescatada de un desperdicio mayor, entonces has sido la víctima de una mentira muy vieja y terrible”.

sábado, 24 de diciembre de 2005

Sutil

Sandra Russo escribió una bonita contratapa en Página/12 explicando la dificultad que tenemos los "agnósticos, ateos o creyentes heterodoxos" para convivir con la alegría navideña. A la lista me gustaría agregar a los cínicos y a los miserables, conjuntos cuya intersección dista de ser el conjunto vacío.

Más sutil hubiera sido que Russo simplemente recomendara el cuento de Truman Capote "Una Navidad" que allí cita. Pero los periódicos, como la naturaleza, aborrecen el vacío.

Los blogs, en cambio, nos preciamos de nuestra brevedad (que esconde limitaciones más severas claro). Así que, lean el cuento.

viernes, 23 de diciembre de 2005

Genuflexos

Hoy, en un excelente reportaje radial, Maximiliano Montenegro destruyó a Agustín Rossi, el presidente de la bancada kirchnerista en Diputados.

Montenegro le preguntó porque el gobierno solicitó una vez más la emergencia económica cuando había prometido que no lo iba a hacer. Más aun, el proyecto de ley original no contemplaba la emergencia más que para las renegociaciones de contratos (léase "la caja"). Rossi respondió que era para poner a salvo los bienes de la Argentina frente a eventuales reclamos de acreedores extranjeros. Montenegro le objetó, con buen tino, que la ley argentina poco importa en las decisiones de los magistrados en los tribunales de, por ejemplo, Nueva York que es donde los extranjeros suelen interponer sus reclamos. Rossi no respondió. Refutado su argumento, se calló.

Luego, Montenegro criticó el que se haya aprobado un presupuesto con pagos al FMI cuando sabido es que vamos a precancelar. Es decir que el gobiernos se va a quedar con una autorización de gastos por aproximadamente USD 1600 millones para una erogación que ya va a haber sido realizada. Rossi respondió que el dinero asignado no podía ser utilizado para otra cosa. A lo que Montenegro una vez más le objetó que no es cierto ya que, merced a los superpoderes, el Jefe de Gabine reasigna partidas presupuestarias con simples decisiones administrativas todos los días. Rossi se calló.

Evidentemente a Rossi no le gusta insistir en la mentira. Frente a la evidencia prefiere el silencio vergonzante. O, tal vez, le importa un comino lo que piense la opinión pública de sus débiles defensas de las de por si indefendibles decisiones del gobierno.

Una vez más, la obediencia debida que tanto daño le hizo al país en el pasado.

jueves, 15 de diciembre de 2005

La inflación: ¿viejos o nuevos fantasmas?

Para los que creen que este no es un blog serio.

Una vez más en la historia contemporánea argentina, la inflación pasa a ser parte del debate luego de más de una década de no ser considerada un problema (¡inclusive en los cursos de economía el estudio de la inflación dejó su lugar al desempleo!). Sin embargo, la inflación actual es diferente a la que azotó a la economía argentina en décadas pasadas así que vale la pena revisar el debate más importante dividiéndolo en: 1) las causas de la aceleración de la inflación y 2) las políticas anti-inflacionarias.

Las causas de la inflación. El fenómeno inflacionario en Argentina tiene causas múltiples. Primero, hay inflación de demanda ya que la demanda interna (consumo privado y público, e inversión) está creciendo a más del 10% interanual y, aunque la oferta crece a tasas altas aunque algo menores, el exceso de capacidad instalada es mucho menor al de años anteriores (y algunos sectores están operando al tope). Segundo, hay inflación de costos como consecuencia de la suba en salarios, energía e impuestos y el consiguiente intento de las empresas por preservar el margen de beneficios. En lo que va del año, el salario de los trabajadores registrados aumentó alrededor del 20%, el doble que la inflación, lo que implica un aumento real del 10%. La energía a los grandes usuarios también aumentó en forma importante. Finalmente, la prohibición de ajustar los estados financieros por inflación hace que la suba de precios implique también el cobro de mayores impuestos y hasta que se confisque patrimonio de las empresas. Tercero, hay ajuste de precios relativos (la primera explicación ensayada por el ex ministro Lavagna) ya que, como se sabe, a la salida de una maxi devaluación los precios de los servicios (los bienes no comercializables) ajustan mucho más lentamente. Finalmente, hay inflación importada a través del precio de los bienes comercializables cuya demanda externa aumentó sensiblemente como la carne o la leche.

Hay que decir que la emisión monetaria no genera inflación. El banco central emite pesos (o deuda) para comprar dólares y en ese proceso aumentan sus pasivos pero también sus activos. En principio, lo mismo ocurría en la convertibilidad donde, en forma pasiva, la autoridad monetaria compraba todos los dólares que el mercado quisiera venderla y emitía pesos a cambio. Hoy, la inflación tiene origen en las decisiones reales de las empresas y las familias de vender dólares a cambio de pesos con el fin de consumir e invertir. En todo caso, el banco central convalida la demanda. ¿Por qué en la convertibilidad no había inflación? Porque la existencia de un peso caro favorecía las importaciones que funcionaban como un techo a los precios de los bienes comercializables.

El proceso inflacionario en curso no se parece al que sufrió Argentina durante décadas pasadas por varias razones esenciales. Primero, hasta aquí la inflación moderada no tuvo consecuencias en términos de crecimiento ya que el alza de precios triplicó su ritmo en tres años mientras que el nivel de actividad creció en forma sostenida al 9% anual. Segundo, no hay en esta coyuntura trazos de la aritmética monetarista desagradable por la que se emite deuda para financiar el déficit público y luego esta deuda, al no poder servirse con recursos genuinos, tiene que monetizarse. Y, ya se dijo, tampoco se emiten pesos sin respaldo. Tercero, la inflación mejora las cuentas públicas debido a que la recaudación aumenta aproximadamente a la par del crecimiento de la economía en términos nominal (el crecimiento real más el aumento de precios) exactamente lo contrario de lo que ocurría en la historia argentina donde la inflación, en cambio, era causa y consecuencia de crisis fiscales profundas. Es decir que resulta claro que a los niveles actuales todavía no existe un trade-off entre inflación y crecimiento. La primera pregunta relevante es ¿a qué niveles de inflación reaparece este trade-off?

La respuesta, aunque vale intentarla, es provisoria. Los estudios econométricos a través del tiempo y entre países sugieren que la inflación tolerable más alta está en un rango de 8% al 11% y luego, a medida que sube, el crecimiento tiende a ser menor. El comportamiento actual de la economía sugiere que el rango tolerable en Argentina es mayor. Otra alternativa es estudiar a países parecidos: el milagro chileno, por ejemplo, ocurrió a tasas de inflación altas ya que el promedio de inflación anual en Chile para la década 1980-1990 fue de casi el 20% y de hecho la inflación no bajo de los dos dígitos de crecimiento sino hasta el año 1995. Curiosamente, una de las explicaciones del éxito chileno es uno de los cucos en el caso argentino: la economía del país trasandino se indexó exitosamente a la inflación lo que evitó, entre otras cosas, que los capitales se fugaran ya que no sufrieron las pérdidas de capitales como consecuencia de tasas de interés reales negativas.

Otra razón que sugiere que la economía argentina tolera niveles más altos de inflación sin consecuencias sobre el crecimiento tiene que ver con las consecuencias negativas de la inflación. Ya se dijo, ahora las cuentas públicas mejoran a la par del aumento de precios. En la historia argentina, la inflación era muy dañina también por el proceso de acortamiento de los contratos que se producía. Pero, la economía sufrió una crisis profunda en la cual prácticamente desaparecieron los contratos de mediano y largo plazo (que en los años noventa se fijaban en dólares) hace apenas cuatro años. Es razonable conjeturar que ¡la inflación actual no tiene demasiados contratos que dañar! Y es por eso que no está afectando el crecimiento. Que la fiebre le permita al paciente llevar una vida normal no significa que uno no deba estar atento, sobre todo si el paciente tiene antecedentes. Así que hay que discutir las posibles decisiones de política anti-inflacionaria.

Combatiendo a la inflación. De las causas de la inflación hay que pensar la posibilidad y necesidad de las curas. El crecimiento de la demanda puede morigerarse, si se desea, mediante políticas macroeconómicas. Típicamente, la política monetaria y la política fiscal. Por ejemplo, la suba de las tasas de interés desacelera el consumo y promueve el ahorro. O el aumento de los impuestos o la un crecimiento menor en el gasto. Todas recomendaciones de libro de texto. Aunque la realidad de un país chico y abierto al movimiento de capitales complica las cosas: una suba en la tasa de interés puede terminar atrayendo capitales e impedir que la economía se desacelere y, a la vez, hacer más difícil sostener el tipo de cambio competitivo. Esa y no otra fue la política anti-inflacionaria de Brasil que subió fuertemente las tasas, entraron capitales, se apreció fuertemente el real y se desinfló el precio de los bienes comercializables. Hay que destacar que Brasil desinfló las expectativas sin consecuencias en la actividad económica ya que el trabajo sucio lo hizo la apreciación de la moneda (y recién ahora empieza a sentir la pérdida de competitividad). Para el gobierno argentino, el tipo de cambio competitivo, que promueve la creación de empleo, es una política esencial ya que, en su interpretación, la restricción social que plantea la crisis profunda por la que todavía se transita sólo se resuelve en forma permanente creando puestos de trabajo. Una política fiscal contractiva plantea también problemas distributivos ya que convalida la demanda de los sectores con mayor ingreso o riqueza a la vez reduciendo el gasto social.

Hasta la salida de Lavagna, la estrategia del gobierno se orientaba en la dirección de desacelerar el crecimiento del gasto primario y el circulante que están creciendo más del 20% este año lo que significa a una velocidad igual o mayor que el PBI nominal. Si se recortaba a la mitad la tasa de crecimiento de ambas variables, por debajo del aumento del PBI nominal, la política era neutral o incluso marginalmente contractiva. No se trataba de frenar la economía sino, en todo caso, de no seguir agregando leña al fuego de una demanda creciendo a dos dígitos. En todo caso, el objetivo no era disminuir la inflación sino contenerla en los niveles actuales. Queda aun abierta la cuestión de si la nueva conducción va a mantener aquellos lineamientos.

La orientación del gobierno ahora parece haber pasado de la macro a la micro. Los acuerdos de precios (inaugurados con el ex ministro Lavagna), la liga de seguimiento de precios y el énfasis en los mecanismos de defensa de la competencia no pueden seriamente considerarse una política anti-inflacionaria. La fiscalización descentralizada de los precios o las leyes antitrust no tienen antecedentes ni en la teoría ni en la práctica anti-inflacionaria. Los acuerdos, en la propia experiencia argentina, duran poco. La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno macroeconómico.

Además de buscar reformular el proceso de fijación de precios, la conducción Kirchner – Miceli plantea una parte de la solución en el aumento de la inversión y, por lo tanto, de la oferta. Hay dos problemas con esto. El factor tiempo es el primero ya que el aumento de productividad y/o de oferta que resulta de la maduración de las inversiones no tiene lugar inmediatamente. Además, no es claro porque la inversión en bienes comercializables, cuyo precio viene determinado por el precio internacional, va a reducir la inflación. En todo caso, estos sectores venderán más al exterior a los precios vigentes. Otra cosa sería aumentar la inversión en infraestructura pero esto depende en parte de decisiones de aumentos de tarifas que el gobierno no va a tomar ya que, además de costo político, tienen impacto negativo inmediato en la inflación.

Es decir que la economía argentina va a convivir en los próximos años con una inflación alta. Tal vez incluso llegue a testar el nivel de inflación a partir del cual el crecimiento (y por lo tanto el capital político del gobierno) empieza a verse afectado. Será ese límite si se alcanza, y no otro, el que lleve al gobierno a cambiar de rumbo e implementar políticas anti-inflacionarias más típicas.

viernes, 9 de diciembre de 2005

Que se vaya Bielsa

¿Vale la pena ensayar una opinión más sobre el affaire Bielsa? Probablemente no pero quienes tenemos blogs padecemos de cierta (mucha) incontinencia verbal y la sensación de que nuestra opinión le interesa (o debería interesarle) a todo el mundo.

La historia es harto conocida. El tipo fue candidato a diputado y durante la campaña se cansó de decir que iba a asumir y que lo contrario era una defraudación moral. A poco de asumir, el tipo efectivamente nos defraudó ya que decidió, como Manuelita, irse a París. Su explicación fue que lo hacia por la Patria y por el Presidente, vaya a saber uno en que orden.

Primera inconsistencia, la falacia de la autoridad. Bielsa sabía que no asumir e irse como embajador era una enorme defraudación al pueblo pero no podía negarse al pedido del Presidente. OK. Lo acepto. ¡Entonces el que estaba defraudando al pueblo era el Presidente! ¿Por qué Bielsa le hace caso a un tipo que defrauda el pueblo? La falacia de la autoridad es obediencia debida (¿u obediencia a De Vido?). Me hubiera gustado que Bielsa pensara por sí mismo.

Ahora Bielsa decide dar marcha atrás y asumir como diputado por el clamor popular. Según dice, quiere caminar por la calle con la frente alta.

Segunda inconsistencia, suponer que la gente quiere que asuma como diputado. ¿Cómo lo sabe? El Bielsa diputado-panqueque no es el mismo Bielsa candidato-a-diputado que la gente votó. Bielsa diputado-si-lo-dejan es un tipo que cedió a la tentación. Es cierto, que rápidamente se recompuso pero ya no es el mismo. ¿Por qué supone que la gente lo quiere igual?

Mi opinión es simple: este Bielsa es otro y no me gusta. Que se vaya a su casa.

lunes, 5 de diciembre de 2005

Parecido: Kichner y Chavez

¿En qué se parecen Kichner y Chavez? En que los dos son Presidentes con menos del 25% de los votos.

domingo, 4 de diciembre de 2005

Página 12: Periodistas genuflexos




Que Página 12 es hoy un house organ (también llamado el "boletín oficial") no se duda. Un ejemplo en las formas es la manera en la que llaman a algunos K. Obviamente el caso paradigmático es la Senadora Cristina Fernández de Kirchner a la que los periodistas del diario insisten en mencionar como CFK como si el parecido con JFK la convirtiera automáticamente en una estadista. El último intento en esta línea es el del periodista Horacio "Perro" (aunque debería ser "Carnero") Verbitsky quien hoy comenzó a llamarla Anjélica Huston. Todavía recuerdo el papel de la Huston en El Honor de los Prizzi y toda asociació con la mafia hay que agradecérsela al Perro-Carnero Verbitsky.