Muy interesante
artículo de Zaiat que concluye así:
"En este caso, importa la [imagen] que define las cámaras patronales sobre el presente ciclo político. Esto significa que, más allá de la imagen que proyecta el Gobierno, la mirada del otro (del mundo empresario), dominada a menudo por prejuicios ideológicos, determina un escenario hostil para el capital. Esto significa, que la identidad progresista de la administración kirchnerista termina consolidada por las protestas patronales más que por propias medidas en esa orientación. O también por la reacción hostil empresaria que lo impulsa a implementar iniciativas de en ese sentido."
El artículo no es fácil de leer (prosa "universitaria"), y se apoya en un artículo que no leí (no está online), pero acá va mi interpretación:
El capital (el campo) se apropió de los modos de la protesta social antes reservada a los más vulnerables (el piquete, la toma). A esto se suma la conflictividad creciente que plantean, contra el gobierno, las asociaciones empresarias como AEA, UIA, que se suman a la originaria de la Mesa de Enlace (
ME). Por lo tanto, el gobierno de Kirchner es efectivamente progresista puesto que o bien actúa generando la respuesta de la patronal o bien actúa en represalia a la agresión de la patronal. En ambos casos, progresismo. La identidad progresista queda definida por los enemigos.
Es una interpretación posible. Podríamos llamarla la tesis "Ladran Sancho, señal que cabalgamos".
Otra, es que lo que hay en juego no es progresismo sino una sustitución de unos capitalistas por otros capitalistas (¿más progresistas?) y, entonces, los Eskenazi, Eurnekián, Brito, Baez, López, Mindlin, Elsztain, Ulloa, Spolsky, Hadad, Roggio, etc., no tienen razones para quejarse.
Relatos, que le dicen.