sábado, 6 de agosto de 2011

Las palabras y las cosas

Un artículo reciente nos advierte acerca de "la banalización del adjetivo nazi" como respuesta a algunos periodistas que acusaron a 678 de nazi, fascista o goebbeliano. Goebbels nunca dijo "miente, miente que algo quedará" y, por lo tanto, los acusadores son víctimas paradojales en la repetición de una mentira. Claro, no a conciencia así que la crítica se vuelve un artículo de atribución.

En realidad, las hipérboles de los periodistas son más bien instancias de una variación de la ley de Godwin que podría enunciarse como: a medida que una discusión sobre el kirchnerismo se prolongue en el tiempo, la probabilidad de que surja una comparación con los nazis o con Hitler tiende a 1. Y un corolario: si la discusión es en la web, se llega más rápido.

Lo que está claro es que la propaganda (esa y, y no otra, debería ser la caracterización) se basa en la repetición. Y Goebbels lo sabía (una buena fuente es The Third Reich: Politics and Propaganda de David Welch). Por ejemplo, esta cita de sus diarios del 29 de enero de 1942:

"Again I learned a lot; especially that the rank and file are usually much more primitive than we imagine. Propaganda must therefore always be essentially simple and repetitive. In the long run basic results in influencing public opinion will be achieved only by the man who is able to reduce problems to the simplest terms and who has the courage to keep forever repeating them in this simplified form, despite the objections of the intellectuals."

El artículo de P12 amplía, y sólo puedo acordar, que la propaganda no es siempre nazi. Al revés, el nazismo se sirvió de la propaganda o, en palabras de la tribu, la maximizó. Vale aquí un repaso rápido usando a Welch como fuente.

Durante el nazismo, se creó un Ministerio de Ilustración y Propaganda por decreto presidencial. Se creó una cámara de cultura bajo las cuales se organizó el teatro, la música, la radio, el cine, las bellas artes y la prensa. La membresía era obligatoria para obtener permisos de trabajo; la alternativa era la "ruina profesional". Se prohibió la crítica artística por sí misma ya que tenía que estar al servicio de los ideales del Reich. Era imperativo - escribe Welch - que los artistas mismos estuvieran alineados con los objetivos y los ideales del nuevo régimen. La radio - la TV de la época - fue una herramienta clave y Goebbels convenció a Hitler de emitir un decreto para centralizar la "responsabilidad por todas las influencias en la vida intelectual de la nación" y así romper con la estructura federal de la radio.

Una herramienta clave fue el "Servicio Inalámbrico Alemán" o DDD (SIC). Goebbels distribuyó aparatos de radio a bajo costo con el objetivo de conseguir uno por hogar. De hecho, "los nazis persuadieron a los productores para que fabricaran uno de los aparatos más baratos de Europa". Estas "radios de la gente" tenían recepción limitada para que no pudieran repetir transmisiones extranjeras. Además - cuenta Welch - se distribuyeron altoparlantes en plazas, fábricas, oficinas, escuelas y restaurantes. Aparecieron varios problemas. Uno, cuando estaba en un estudio Hitler no se motivaba y no era efectivo. Entonces empezaron a transmitirse sus apariciones públicas. Otro, la gente se aburría, lo que llevó "a Goebbels a decidir que el 70% de las transmisiones se dedicara a música liviana" para promover lo que hoy llamaríamos el encendido.

No termina aquí la revisión (y recomiendo el libro) pero el punto que quiero hacer es simple: propaganda nazi es repetición más opinión única de ideales nacionalsocialistas.

Hay que elegir las palabras con cuidado. Los periodistas tienen una responsabilidad mayor en el buen uso de las palabras, después de todo es su modo de vida. Se los dejo a ellos y aquí sólo planteo mis limitaciones y mi  falta de vocabulario porque si nazi es el que te mata a repetición en una cámara de gas o de inanición, ¿cómo le decimos al qué te deja sin laburo y te persigue?

5 comentarios:

  1. ¿Autoritario, abusivo, prepotente, antidemocrático, mentiroso, delirante, manipulador? ¿O todo eso junto?

    ¡Bien por la vuelta!

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  2. Propongo que se instaure un nuevo adjetivo para ello: guiyotemorenista!!

    Saludos, la BEA celebra tu vuelta.

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  3. Ah, y respecto al link de la frase final, vos, en caso de conocerlo a Nicolás Salvatore, no lo creerías capaz de tergiversar datos de la inflación? No sé si con fines de especulación financiera o simplemente para "hacer explotar al gobierno kirchnerista", pero a mí (y al resto de la clase) le dijo en la cara que él tocaría datos del índice de la inflación unos meses antes de las elecciones.

    Lo sé, esto no prueba nada, sólo quiero preguntar lo siguiente: en caso de ser efectivamente así, que hayan publicado datos inventados adrede de inflación, no estaría bien que se los denuncie? (al igual que al INDEC, como nos quejamos de eso todos los días...)

    Saludos!

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  4. Ese "sic" en mayúsculas después de DDD es todo, Olivera. Genial.

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  5. Nontendí lo del "sic" después del DDD...
    Se puede ser autoritario y se puede hacer abuso de poder sin ser nazi.
    Hay un abuso de lenguaje muy marcado en el periodismo argentino. Fijate cómo un local en el que se concentra la información electoral con acceso a periodismo y público pasó a llamarse "Bunker".
    Mejor dejarse de usar palabras en un idioma que pocos argentinos comprenden. En castellano podemos explicar las cosas claramente, sin llegar a exageraciones o a mal uso de lenguas extranjeras. Particularmente, lenguas cuyo estudio sólo interesa a una minoría (vg. el alemán).

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