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sábado, 21 de junio de 2008

La sociedad piquetera

El piquete me incomodaba mucho. Ya reconocí que podía ser un prejuicio clasista o un prejuicio economicista. O simplemente un prejuicio, y ya. Ahora no sólo me incomoda. Me molesta. Y el sentimiento agravado es resultado de la protesta del campo.

Primero, el método de protesta que el gobierno toleró y que, quizás, hasta prohijó fue usado en su contra. Hay algunos afuera regocijándose: tomaste de tu propia medicina Néstor, dicen los perfiles progresistas del mundo periodístico. Es un asunto menor.

Lo serio es que los piquetes condicionan a los gobiernos.

¿No fue la orden de reprimir en Puente Pueyrredón lo que resultó en el asesinato de dos piqueteros qué obligó a Duhalde a llamar a elecciones? Me parece que si no hubiera ocurrido, el cabezón se quedaba toda la vida (y no me hagan añorar el contrafáctico).

¿No fue el desabastecimiento lo que dio fuerza a la protesta del campo? Sí sólo se tratara de no comercializar granos no daba para tanto.

Condicionan a los gobiernos. Y si los condicionan son anti-democráticos porque los límites al poder ejecutivo están dados por los otros dos poderes, y nadie más.

Doy una vuelta.

Una de las frases que más escuché en estos días de ánimo destituyente es "no se puede gobernar sin el Peronismo". Ya se sabe, los radicales no terminan sus mandatos.

En estos tiempos violentos es un ejercicio de correlación espuria: si seguía Menem, y nos ahorrábamos el bonsai, la economía se estrellaba igual. Las condiciones de la crisis estaban. ¿O acaso Duhalde no se tuvo que ir?

No. O bien a la frase hay que acortarla a "no se puede gobernar...". O bien hay que reformularla. El asunto es que la reformulación sigue abierta.

De lo que estoy seguro es que o bien esta sociedad reformula un nuevo contrato donde excluye el piquete e incluye a los que menos tienen, o nos quedaremos con la frase corta.