jueves, 8 de mayo de 2008

Las falacias de Fernández

En el marco de un seminario internacional acerca del cálculo del IPC, el gobierno presentó la nueva metodología para estimar la inflación al consumidor en Argentina. Tan importante es para el gobierno el asunto que el Jefe de Gabinete Alberto Fernández fue a cerrar el seminario.

La importancia del IPC no puede subestimarse: es un dato esencial para coordinar expectativas y el ajuste de los contratos financieros, laborales, de jubilaciones, de alquiler, etc. La novedad es que el INDEC plantea un índice que cambie la canasta de bienes y servicios a medida que los consumidores ajustan su comportamiento a las variaciones de precios.

Las críticas a la política oficial sobre el nuevo IPC pueden hacerse a partir de la presentación del Jefe de Gabinete quien planteó la siguiente estrategia retórica: mencionó varias objeciones correctas al cálculo del IPC convencional, problemas que tiene el nuestro y el de otros países. Luego dio por hecho que Argentina trató el problema igual que el resto de los países. Y esto es falso.

Primero, el reconocimiento de que los consumidores sustituyen bienes cuando estos suben o bajan de precio, o no están en las góndolas, es correcto y se refleja en otros países en un IPC que se denomina “encadenado”. Tiene razón entonces el Jefe de Gabinete Fernández cuando dice que la Argentina no innova al estimarlo. Sin embargo, en algunos países el IPC convencional se reemplazó por uno encadenado que se cambia una vez por año y no mensualmente, como se propone acá. En otros, la reponderación mensual se combina con el cálculo del IPC convencional pero no lo reemplaza, como se va a hacer aquí.

Segundo, también tiene razón Fernández en que el problema de ajuste por calidad lo tienen todos los países. En términos simples: cuando aparece el Ipod y reemplaza al Walkman aumenta el precio del bien “reproductor de música”; lo mismo ocurre cuando surge un procesador de computadora con más potencia. El problema es que el aumento de precio en el nuevo producto que reemplaza al anterior sobrestima la inflación ya que, también, hubo una mejora de calidad. Pero en Argentina, Moreno mediante, ocurrió lo opuesto: el gobierno sustituyó un bien de calidad superior (la medicina prepaga sin copago) por otro de calidad inferior (la prepaga con copago) justamente lo contrario del problema que Fernández menciona. ¡El reconocimiento del problema debería llevar a registrar un aumento de precios mayor antes que uno menor!

Tercero, Fernández se queja que la canasta del IPC tenía rosas colombianas (con “tallos de 70 centímetros”) o viajes a Cancún, la herencia de la Convertibilidad “cuando un peso era un dólar”. Tiene razón. En alguna época el IPC tenía barras de hielo aún cuando las heladeras ya se habían generalizado. Y está mal. El asunto es cuanto pesan (cuanto se ponderan) las rosas en la variación total. Alimentos y Bebidas pesa casi un tercio en la variación total así que cualquier variación en alimentos y bebidas tiene un impacto sustancial. Las rosas y los viajes pesan muy poco así que aunque tripliquen su precio no definen la tendencia de la inflación. Y, de nuevo, está bien que salgan de la canasta luego de una medición seria de los hábitos de consumo. Está mal que se usen como argumento sustancial para decir que el IPC viejo sobrestima la inflación. Todas las canastas de consumo tienen problemas y son arbitrarias. El asunto es sí los errores de nuestra canasta son la causa de la inflación que tenemos o no. Las mediciones privadas de la canasta básica alimentaria muestran que el problema en Argentina es la suba de precios de la carne, la leche, las verduras y no el aumento de las rosas colombianas o de los viajes en Cancún.

Fernández, y el gobierno, tienen en razón en parte: el cálculo del IPC convencional (con canasta de ponderaciones relativamente fijas) tiene problemas, aquí y allá. La razón llega hasta acá: estos problemas no están en la raíz de la fuerte aceleración de la inflación del último año y medio.

La solución del gobierno no atiende a corregir estos problemas sino a encontrar una forma que pueda defenderse (hasta ahora fue imposible) de reportar una inflación más baja en forma permanente. Pero la realidad no se puede disfrazar y el éxito del nuevo índice dependerá de que los argentinos lo tomen como una medida de la inflación del gasto en consumo y ajusten sus contratos cotidianos al nuevo índice. Porqué la inflación reportada es 8% y los aumentos salariales son del 22%... y los salarios reales no están subiendo 14% por año. Si no, el nuevo IPC habrá fracasado se llame “encadenado” o Moreno.

(una versión corta apareció en Crítica)

5 comentarios:

  1. La otra vez estaba viendo que en USA hay una inflación core que no incluye ni comida ni energía, usan para algo esa medida? Por qué la tienen? Tendría sentido que también se usara algo similar por aquí?

    Saludos

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  2. en donde le da 22% la inflación? es 12 meses contra 12 meses?
    a mí me habían dicho que marzo, 12 meses, daba 25%
    habrá bajado por la caída de la canasta básica de abril?

    saludos

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  3. Recuerdo cuando se planteó hace mas de un año un nuevo IPC, una de las principales advertencias era como se iba a efectuar el empalme ah

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  4. (perdón se me fue el ENTER), decía... ahora han dicho mucho sobre el nuevo IPC pero de como empalmarlo con el actual nada.

    Ud. sabe algo de como se haría el empalme?

    Está bien que el actual es poco serio y por ahí ni vale la pena empalmarlo, pero por lo menos que disimulen....

    saludos!

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  5. Ni disimular. Les importa tres belines las apariencias. Y ese es parte del problema.

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