domingo, 4 de abril de 2010

Leven anclas

¡Volvimos con el asunto de la D-word!

CD plantea las "opciones" de política económica en términos de blanco o negro ("devaluación o dólar quieto"), Lucas se pregunta por la "bombucha cambiaria" y ELY avisa que hay un punto en el medio que puede durar incluso hasta el 2011. El punto es que volvimos sobre viejos temas (competitividad versus ancla cambiaria), con menor urgencia que en el pasado, pero volvimos.

No debería sorprenderme. La sorpresa es que durante los años 2003-2007 esos temas estuvieron ausentes. Con ayuda de un gráfico se entiende rápido y fácil.


El gráfico dibuja el precio del dólar en pesos corrientes (el tipo de cambio nominal) y el poder adquisitivo de una canasta de monedas en pesos constantes (el tipo de cambio real).

Entre 2003 y 2007, el tipo de cambio nominal tuvo un promedio de 3.00 con un desvío estándar de 0.10, casi una convertibilidad a 3 pesos . El tipo de cambio real promedió 2.26 con un desvío estándar de 0.08. Para dejar los cálculos y explicar el concepto: se trató de un lustro en el cual el tipo de cambio nominal y el tipo de cambio real fueron relativamente estables.

En términos de la historia económica argentina contemporánea es una anomalía. En mi versión-de-pocas-líneas del stop-go argentino, usamos el ancla cambiaria (la promesa nominal) todo lo que podemos hasta qué nos vemos forzados a devaluar para recuperar competitividad (la promesa real). Pero ¿mantener ambas promesas - estabilidad cambiaria nominal y real - al mismo tiempo? Milagro de la soja y el real brasileño caros, claro, y el pass-through rezagado de la mega deva. El pecado de la inflación, sin embargo, erosionó la promesa real y nos obligó - crisis mediante y deva del real rápidamente revertida - a romper la promesa nominal (pasamos de un dólar circa 3 a 3.80 rápidamente) o, como se dice usualmente, devaluar.

A tasas de inflación del 20 y tanto por ciento, un real que ya no se aprecia y la soja quieta, volvemos a discutir lo de siempre: ¿devaluamos o anclamos?

3 comentarios:

  1. Agregaría, además, que entre 2003 y 2007 el dólar perdió valor no sólo contra el real, sino contra el Euro, peso uruguayo, etc., con lo que no era el real el caro, sino el dólar el barato.

    Saludos

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  2. Las "ganancias de competitividad" derivadas de la manipulación cambiaria para mantener arftificialmente bajo el valor de la moneda son siempre ganancias transitorias, pan para hoy y hambre para mañana, ya que tarde o temprano el mercado se encarga de anularlas. En el caso argentino ello se va a acentuar todavía porque la inflación está en parte reprimida por los subsidios, que no podrán ser sostenidos por mucho más tiempo.
    La cantinela de siempre (devaluar para poder competir) lleva a los resultados de siempre.

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  3. Dice nuestro articulista: "volvemos a discutir lo de siempre: ¿devaluamos o anclamos?"
    Hay una tercera alternativa: dejamos que el dólar en cuentre su valor en el mercado.

    De hecho, en una economía abierta (desde el modelo inicial de Mundell-Fleming en adelante) el intento de fijar el tipo de cambio real se reconoce como de corta vida en una economía abierta. El tipo de cambio real es endógeno. Las manipulaciones nominales pueden dar algún alivio momentáneo, pero no pueden ser una política de mediano o largo plazo. Lo que antes se conceptualizaba como "atraso del tipo de cambio" ahora debería conceptualizarse como "atraso de la estructura productiva para poder competir con el tipo de cambio real endógeno de la econmomía".
    Esta consideración de fondo está en la base de la tesis de G. Calvo de que el régimen cambiario es esencialmente irrelevante (aunque el propio Calvo no la formula con la claridad suficiente, me parece).
    Y si fuese así, la variable exógena efectivamente existente (más allá de las fluctuaciones de la economía internacional), es decir la variable doméstica más importante es la capacidad de atraer inversiones, tanto nacionales como extranjeras de mediano y largo plazo. Esto, como todo el mundo sabe, se consigue con un set de incentivos suficientes, que incluye la seguridad en las reglas de juego, la confianza en la estabilidad monetaria y macroeconómica, la ausencia de corrupción sistémica, y otras condiciones análogas, sobre todo para economías pequeñas que no pueden confiar (como la China) en que el tamaño del mercado interno compense otras debilidades.

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